PRÓLOGO
Al reanudar los estudios magisteriales en el año 2007, luego de un intervalo de 52 años, quien produce esta monografía experimentó lo que se atreve a llamar su más enriquecedora sorpresa en el campo del conocimiento. Esto ocurrió al comenzar a hojear el libro de texto para Física y Química para Magisterio.
Luego de varias décadas de experimentar la frustración de constatar la falta de objetividad científica con que innumerables temas eran abordados por libros de texto, y que a los estudiantes se les enseñaban teorías como verdades absolutas y la “ciencia” era cada vez más endiosada como fuente única de la VERDAD y manantial inagotable de soluciones para todos los problemas de la sociedad humana, fue realmente estimulante leer las citas que transcribo a continuación de las páginas 7 y 8 del referido libro:
“El desarrollo del conocimiento científico
"La idea según la cual la ciencia se desarrolla siguiendo un método riguroso -el método científico- fue puesta en entredicho hace ya varias décadas.
"Chalmers (1982) denomina inductivismo ingenuo a la concepción según la cual la ciencia comienza con la observación y la experimentación. "Según el inductivismo ingenuo, la ciencia se construye mediante la inducción a partir de la base segura que suministra la observación." 1
"Karl Popper (1959), ha negado que la ciencia se desarrolle de ese modo: Popper considera que la ciencia comienza con el enunciado de problemas relacionados con los fenómenos del universo, y sostiene que la observación depende de la teoría, y por lo tanto, es posterior a ésta. "Es cierto que cualquier hipótesis habrá sido precedida por observaciones. Pero éstas presuponen la adopción de un marco de referencia, de un horizonte de expectativas. La historia de la ciencia refuta el mito de que debemos comenzar con observaciones para derivar de ellas nuestras teorías." 2
"Thomas Kuhn (1962), al analizar algunos descubrimientos fundamentales en la historia de la ciencia, ha prestado especial atención a las conclusiones de la psicología actual sobre la percepción, en el sentido de que "lo que una persona ve, no depende sólo de lo que mira, sino también de aquello que su experiencia conceptual previa lo ha preparado para ver." 3
"Por lo que, afirmaciones tales como que "la ciencia es objetiva, ya que ni la experiencia personal, ni los marcos de referencia, ni las respuestas emocionales, deben influir en lo que el observador científico ve", constituyeron "el mito que se ha vendido como método científico generación tras generación." (Novack; 1985) 4
"Feyerabend (1970), niega que exista un método que gobierne el proceso de descubrimiento científico, especialmente en su fase más creativa. "La historia de la ciencia muestra que desarrollos tales como la revolución copernicana, el atomismo en la ciencia moderna, o la teoría ondulatoria de la luz, ocurrieron porque algunos pensadores decidieron no obedecer reglas metodológicas." 5
"En opinión de Charlmers: "La falsa suposición de que existe un método científico universal, al que deberían ajustarse todas las formas del conocimiento, desempeña un papel perjudicial en nuestra sociedad, especialmente a la luz del hecho de que la versión del método científico a la que normalmente se recurre, es una tosca versión empirista o inductivista. Esto es especialmente aplicable al campo de la teoría social, en el que se defienden como científicas, teorías que sirven para manipular aspectos de nuestra sociedad a un nivel superficial (investigación de mercado, psicología conductivista), en lugar de servir para comprender mejor la sociedad y ayudarnos a cambiarla a un nivel más profundo."
1. Chalmers, A. ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? (Siglo XXI; México, 1994).
2. Popper, K. Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. (Tecnos; Madrid, 1964).
3. Kuhn, T. La estructura de las revoluciones científicas. (Fondo de Cultura Económica; México, 1971).
4. Novak, L. Teoría y práctica de la educación. (Alianza Universidad; Madrid, 1985).
5. Feyeraband, P. Contra el método. (Planeta-Agostini; Barcelona, 1994)."
Estos francos enunciados, en el comienzo de un libro destinado a enseñar CIENCIA a los futuros maestros, ni más ni menos que Física y Química, suministran sobrada justificación para mi elección de la siguiente opción para el trabajo del 2º Parcial de Teoría del Conocimiento y Epistemología (Segundo Año de Magisterio, Instituto de Formación Docente, Paysandú, Uruguay)
UNA REFLEXIÓN EPISTEMOLÓGICA SOBRE LOS MÉTODOS DE VALIDACIÓN EN
CIENCIAS NATURALES
INTRODUCCIÓN
Dado el natural sentido de independencia que siempre tuvo el ser humano en lo relativo al “saber”, lo que se considera verdad no se ha aceptado, originalmente, sólo por que alguien lo dijo. Debió siempre proveerse una autoridad que avalara el discurso, cualquiera fuera su campo. La necesidad de una validación autoritativa era imprescindible. Quién la tenía ostentaba el poder que otorga el saber.
La experiencia dio, en sociedades patriarcales en particular, ese poder a los ancianos de la comunidad. El contacto con la divinidad dio ese poder a la clase sacerdotal o al brujo o hechicero, y de igual forma el uso exclusivo de la razón se lo dio a los filósofos griegos. Ese poder era sumamente útil para el dominio sobre la población que era el sustento de las clases dominantes y propició un concubinato permanente entre éstas y los “sabios”.
Lo antedicho no dejó de ser cierto cuando la religión organizada de la Cristiandad en su papel auto-asumido de representante de Dios, pierde ese rol de transmisora indiscutida de la VERDAD tanto en el campo espiritual como en el material. Ella había sido hasta aquí la que ponía orden en la vida terrenal a fin de preparar las almas para la otra vida, en tanto que dejaba a Dios el papel de proteger al hombre desde los cielos.
El vacío creado hizo surgir la necesidad de encontrar “leyes generales inmutables” (Kant) que mantengan el orden en la Sociedad para que ésta pueda progresar. Se debe aceptar un imperativo aplicable a todos, para lo cual se requiere una validación que lo haga poseedor de la autoridad que ningún hombre como individuo puede alegar. Para que la clase dominante, la burguesía, pueda ser depositaria de ese poder, se levanta un nuevo dios con un nuevo sacerdocio: la CIENCIA y los CIENTÍFICOS, y como subproducto, la tecnología. Para que la verdad, aunque transitoria, sea la VERDAD aceptada del momento, había que formular el camino (Eduardo Laso, Los métodos de validación..., 115:2) que debía conducir a la nueva casta de “ciencicerdotes” al descubrimiento de las indispensables leyes generales. Se empieza a gestar, y finalmente se da a luz el Método Científico.
A partir de estos antecedentes abordaremos nuestra reflexión epistemológica sobre los métodos de validación en ciencias naturales, realizando un análisis conceptual del Método Científico acompañando a Eduardo Laso en su criterioso desglose del mismo.
DESARROLLO.
El hablar del método científico nos enfrenta a la primera dificultad, como muy bien lo expresa Laso: “Es científico aquel conocimiento que se produce y justifica siguiendo los pasos de ese método” (Laso,ibidem). ¿Dónde la dificultad?
¿Quién dijo que el método es en sí mismo científico? Los mismos científicos. Esta usurpación de la autoridad del saber es la situación que reina impertérrita en la enseñanza de nuestros días. El programa de Biología para 2º año de Magisterio, lo describe en sus fundamentos, como algo a cambiar (hasta hoy solo buenas intenciones): “...de alguna manera trabajamos con conocimientos, presentados en ocasiones por investigadores y textos, como un saber acabado y preciso, que no contempla cuestionamientos, si no provienen de otros sabios o publicaciones igualmente reconocidos en el mundo académico. Esto puede provocar en muchas ocasiones, que pensemos en una transposición didáctica que prioriza el entendimiento de esos conocimientos, por parte del alumnado, sin la posibilidad de mayores cuestionamientos”.
Triste realidad en el ámbito donde se están formando los futuros docentes o “sacerdotes” de la religión cientificista que se debería desmitificar y no fortalecerla en su asumido rol de representante de la verdad verdadera, siempre transitoria, pero “hoy” la verdad indesafiable porque cualquiera que se atreva a hacerlo, no es “científico”, es dogmático. Y así se sigue aceptando el poder de los que tienen el “saber” entronizado, pues si no lo hacés, dijera la famosa letra de tango, “al final corrés el riesgo de que te bauticen gil”, por atreverte a pensar por vos mismo.
Aceptar a la ciencia, arbitrariamente establecida como productora de la verdad, como base de validación de un nuevo saber, da por sentado que aquella es verdadera, cuando realmente se está en un proceso de probar la veracidad o realidad de una hipótesis que tiene como requisito esencial que no contradiga al paradigma de turno. Creo que Laso es muy generoso al llamar a esto “una aparente circularidad” .(Laso, 115:4)
Surge de las citas copiadas del libro Física y Química para magisterio en su Prólogo, que se ha formado una visión mística de la ciencia y del conocimiento que ella produce y difunde en los “templos del saber”. Esa mística se basa en la convicción de que, y no analizo aquí su validez, el método científico es seguido pulcra y meticulosamente por los investigadores, lo cual da a sus conclusiones, ya no valor de teorías, sino de realidad indiscutible. Pero, resumamos de una vez los pasos fundamentales que componen ese “camino”. Son innúmeras las definiciones del mismo, pero hemos elegido sintetizarlos de la siguiente manera:
*Observación de una parte limitada del universo o población o de la recurrencia de un hecho y la consecuente anotación de lo observado para producir una generalización, que permita la formulación de una
*Hipótesis que explique los hechos ocurridos (observados). Este paso intenta explicar la relación causa-efecto entre los hechos. La hipótesis debe estar de acuerdo con lo que se pretende explicar y no contradecir otras hipótesis ya aceptadas. Debe tener matices predictivos ya que dichas
*Predicciones serán instrumentales para validar o refutar la hipótesis
Obvio que la intención de dicho método es, teóricamente, inobjetable; la parcela de conocimiento producida siguiendo sus pasos se instala con la convicción de que es un hecho “científicamente” establecido, siendo “confiable, racional y justificado”. Podemos comprar tranquilos el producto “científicamente” comprobado, ya ideológico, comercial, o lo que sea que la parafernalia de la publicidad y/o propaganda nos ofrece a nosotros, pasivos consumidores que hemos delegado en otros el privilegio de investigar, pensar y decidir, deshumanizándonos cada día más.
Aparte de que la suposición de que se cumple con esos pasos no se condice con la realidad, lo que debería a priori hacernos rechazar de plano todo “saber” producido de manera “anticientífica”, acompañaremos a Laso en su examen crítico del método en sí en las páginas 116 a 119 del texto que hemos venido citando.
Analiza la inferencia de que el método provoca la divulgación del conocimiento de forma que otros puedan convencerse, mediante su capacidad de interpretar las razones y evidencias, validándolo por y para sí mismos. Laso señala a la complejidad y especialización del discurso científico como una limitación, impuesta para que sólo pueden interpretarlos aquellos que ya son “socios del club” (acotación personal mía). Es decir que los científicos vuelven a ser juez y parte, ya que sólo ellos están en capacidad de entender el lenguaje de la profesión creado especialmente para mantener al vulgo fuera de la escena. En resumen, el que evaluará lo científico del nuevo conocimiento es otro científico, que convencido o no, está en la obligación de no oponerse al paradigma científico de turno so pena de dejar de ser considerado científico por los sumos sacerdotes de la religión cientificista (“Dios nos libre y nos guarde de caer en la herejía!!!”).
Nos recuerda luego el argumento de Eduardo Laso, que todavía somos humanos y vemos las cosas con el color del cristal con que miramos el mundo. Es decir que los enunciados observacionales ya están teñidos de parcialidad, muy humano por cierto. Desde la observación hasta la interpretación de los hechos seleccionados para registro y la formulación de la hipótesis, estamos influenciados, conscientemente o no, por una teoría que precede a todo el proceso y es el convidado de piedra en cada paso del “camino”, plantado allí por la comunidad científica en consideración a lo ya “legitimado como conocimiento sólido” (Laso).
Súmense a eso nuestras experiencias vividas con sus resultantes prejuicios, nuestras emociones envueltas, nuestros intereses personales o grupales involucrados, y estamos a distancia de años luz de ser ya sea actores u observadores imparciales capaces de validar un nuevo saber propuesto “científicamente”.
Se refiere luego Laso a la “tradición cientificista” en contradicción con el concepto socializado de la ciencia que da por sentado que los enunciados observacionales son neutros, objetivos, (producto de seres vestidos con guardapolvos blancos inmaculados, trabajando en laboratorios cuidadosamente esterilizados). ”Dioses vestidos de blanco” como se les llamó ya hace más de medio siglo. (esta acotación es mía)
´...se ha entronizado´ ”de esta manera en el seno de la práctica científica un determinado marco teórico empirista y naturalista desde donde se interpretan los hechos y se validan o rechazan teorías.” (Laso)
Es alentador que estas realidades van filtrándose lentamente en el mundo de, por lo menos, los divulgadores científicos. Cito un ejemplo concreto que plantea la necesidad de ver a las nuevas propuestas “científicas” en el marco del paradigma evolucionista, con la cautela que impone la realidad de que no se trata de hechos nuevos, sino de diferentes interpretaciones sobre hechos ya conocidos. El resumen del artículo “La realidad como interpretación de la realidad” en edición de diciembre de 1991 de la revista Pensamientos editada y distribuida por la firma IBM de Israel, concluye:
“Estas aproximaciones nuevas a la evolución hacen surgir una pregunta curiosa: ¿ellas revelan hechos nuevos o solo presentan interpretaciones sustitutivas? Los fósiles que descubrió Charles Doolittle Wallcot en 1909 en las canteras de Burgess se examinaron de nuevo por Harry Whittington en el año 1971. Se trataba de los mismos fósiles, pero recibieron, de los dos, interpretaciones contradictorias. Esto significa que, lo que le da al fósil (y a todo otro hallazgo) su significado e implicancia, no son sus características objetivas, sino la teoría que yace detrás de él. Pero, si el conocimiento de la realidad depende de la interpretación, y si esta está influenciada por las teorías, por ideas preconcebidas, se entiende que la realidad está impregnada del peligro constante de un entendimiento equivocado. “(pág. 2 párrafo 4)
En el segundo párrafo de la página 116, ya introdujo Laso la cuestión “de si en la práctica científica hay un método en particular o hay más de uno”. Ahora, antes de analizar “las propuestas metodológicas” en particular, el autor señala a dos modos de entender el método científico desde la concepción epistemológica. En ambos casos marca la dislocación existente entra la teoría y la práctica. Veamos.
El Método como modelo.- Vendría a ser un reglamento consensuado que se ha instalado para preservar el orden en el campo de juego. Es el ideal a que se ha llegado a través de una práctica científica con rasgos constantes y comunes: ha llegado a ser El método; su aplicación impide las desviaciones regulando las acciones. Pero este ideal no se ajusta a la realidad. Vendría a ser como un campo de juego donde se producen múltiples violaciones al reglamento, pese a que la presencia de los árbitros dan una ilusión de que todo está bajo control. “No es” concluye Laso, “que el método proponga un tipo ideal de la práctica científica existente sino que más bien crea la ficción de una práctica científica que no coincide plenamente con la realidad.”
El Método como marco normativo.- Este punto de vista no considera al método científico como resultado de las prácticas científicas, sino como la imposición que regula la práctica científica para asegurar la producción de un “saber” confiable y racional que pueda validarse como conocimiento científico. “...en su práctica el científico debe aferrarse a él escrupulosamente”. Le plantea a los científicos cómo proceder en su práctica para que la misma dé a luz un conocimiento con certificado de cientificidad implícito. La objeción de Eduardo Laso es que la aplicación estricta del método tampoco garantiza per se la producción de un conocimiento racional. ¿Por qué? El factor humano. La aplicación del método siempre estará conjugada con productos de la mente humana: hipótesis, conceptos, valores...y son éstos, y no el método, que determinan el producto final llamado “conocimiento científico”. Si son ciertas la conclusiones de la psicología de que la conducta humana es explicable “en términos de procesos de estímulo-respuesta que pueden pautarse y reproducirse”, esto orientaría todo el proceso de la recolección de datos, la experimentación e inevitablemente, también las conclusiones.
Hasta aquí llegamos con Eduardo Laso, limitándonos a la crítica del método científico en sí, sin incursionar en el análisis de cada una o al menos de algunas de las metodologías de su aplicación, como el instrumento para la validación actual del conocimiento en ciencias naturales.
CONCLUSIÓN
Debemos advertir del peligro de caer en una demonización de la Ciencia como se hizo con la Religión en forma genérica por parte del grueso de la comunidad científica cuando vino a ocupar el lugar dejado vacío por ésta.
Podríamos sentirnos tentados a pensar que se lo merecería, ya que ella se colocó en papel de nuevo dios. Pero, recordemos que, cosa fácil de decir pero difícil de asumir, errar es humano, no necesariamente demoníaco. Baste por ello colocar a la ciencia y a los científicos en el papel que nunca debieron abandonar, el de humanos, con todas sus virtudes y todos sus defectos, para liberarnos de la nueva tiranía que se nos impuso y permitirnos ser “yo” y, como futuros docentes, capacitarnos para ayudar a nuestros alumnos a hacer lo mismo.
Alan F. Chalmers, después de hacer una crítica exhaustiva a “...Esa Cosa Llamada Ciencia”, donde analiza los métodos utilizados para validar el producto del trabajo científico, expresa su conclusión, que en mucho comparto. Cierro este trabajo con citas de este autor en las consideraciones finales de su libro, (234 y 235) segunda edición en español.
“La función más importante de mi investigación es combatir lo que podríamos llamar la ideología de la ciencia tal como funciona en nuestra sociedad. Esta ideología implica el uso del dudoso concepto de ciencia y el igualmente dudoso concepto de verdad...Conjuntos de conocimientos...son defendidos a partir de la afirmación o el supuesto de que han sido adquiridos por medio de un “método científico” y, por consiguiente, deben tener algún mérito. No es sólo la derecha la que usa las categorías de ciencia y método científico de esta forma. Es frecuente ver a marxistas usarlas para defender la afirmación de que el materialismo histórico es una ciencia.
[...]
“Como estará claro a estas alturas, mi punto de vista es que no hay una concepción intemporal y universal de la ciencia o del método científico...No es lícito defender o rechazar áreas de conocimiento porque no se ajustan a algún criterio prefabricado de cientificidad.
[...]
“Aunque uno de los objetivos de mi libro es impedir los usos ilícitos de las categorías de ciencia y método científico, espero también a que contribuya a contrarrestar las reacciones individualistas o relativistas radicales contra la ideología de la ciencia.”
Como REFLEXIÓN FINAL, tal vez no exactamente en el contexto preciso, pero como referencia a la asignatura de Teoría del Conocimiento y Epistemología, junto con la profunda satisfacción que me da el ver que se ha desarrollado un marco teórico para dar cabida a la humanizante actitud que se ha denominado "pensamiento complejo", debo reconocer que no es fácil para los docentes de diversas asignaturas incorporarse a esa onda. Es complicado, no complejo, abandonar un reducto donde nos sentimos seguros y protegidos para salir a campo abierto a vivir en una sociedad donde se permite un “todo vale” legítimo, que provoque, entiéndase bien, un progreso a mejores horizontes para la humanidad, y no el "todo vale", peligro siempre latente, que propenda a un agravamiento de la degradación o involución de la que hemos sido testigos en tiempos recientes.
Es mi sincero deseo que se tenga éxito en formar docentes que asuman la misión de la Educación para la era planetaria.
Eduardo Campos, Magisterio 2ºB, IFD
2º Parcial de “Teoría del conocimiento y Epistemología” 29 de octubre de 2009
¿EN QUÉ DIRECCIÓN ELEGIREMOS IR?
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